jueves, 7 de junio de 2012

EL ESTADO EMPRENDEDOR 3

El emprendimiento y la gestión empresarial (el management)
Es evidente que, junto al crecimiento del crédito, el emprendimiento y la gestión empresarial (el management), son los factores que van a marcar el nuevo modelo económico. Las nuevas tecnologías influirán en mejores procesos productivos, en nuevos productos, en nuevos métodos de gestión, en la internacionalización de las empresas y en la búsqueda de nuevos yacimientos empresariales. Las nuevas tecnologías favorecerán o extenderá el emprendimiento y la gestión-administración empresarial abaratará costes debido a un aumento de la productividad y producirá un aumento de los márgenes comerciales así como de los ingresos brutos empresariales sin necesidad de poner el acento en la disminución de salarios para competir. Será necesaria la cualificación profesional de los trabajadores pero muchos más necesaria será la cualificación empresarial; es de la buena y acertada gestión de la que dependen los empleos.

Cuando oímos hablar a algún empresario representante de la patronal escuchamos frases como “somos los empresarios los que movemos la economía, los que creamos empleo...”, “un empresario es una persona que tiene una idea, cree en ella, apuesta su patrimonio, genera empleo y contribuye a los ingresos del Estado...” Se sienten pequeños dioses creadores, se siente de una élite tocados por la varita de los dioses. Y no es totalmente mentira, pero también son los que despiden empleados en masa, acosan y abusan del empleado, se empeñan en negocios ruinosos, quiebran empresas, especulan y defraudan al fisco, incumplen las leyes sobre riesgos laborales, son dueños de oligopolios que colapsan la cadena de valor de productos básicos que llegan con precios abusivos al consumidor, impagan, quiebran, general burbujas especulativas que derivan en graves crisis económicas y financieras, etc. Es de una adecuada, equilibrada, equitativa y justa regulación del devenir económico de donde puede generarse un crecimiento equilibrado y sostenible modelo económico y social. Es del emprendimiento, la innovación y de la inteligente gestión-administración pública y privada junto a la equidad y justicia social como un todo orgánico, estructural e indivisible, de donde ha de nacer el nuevo modelo económico y social sostenible.

La economía social
Desde joven me ha rondado por la cabeza preguntas sobre la esencia del “ser empresario” versus el “ser empleado”. ¿Qué diferencia a un empresario de un empleado? El empresario ¿nace o se hace? Al nacer ¿ya se lleva el germen o el “gen” de empresario? ¿Son las barreras de entrada a la creación de una empresa la que determina que una persona pueda o no ser empresario? ¿Que tiene él que no tenga yo? ¿Va en la personalidad? ¿Se “mama” en el ambiente familiar? ¿Es la suerte? ¿Es la necesidad? ¿Se es empresario porque estuviste en el momento adecuado en el sitio justo? ¿Es porque eres creador y tuviste una idea? ¿Es porque perteneces a una familia con capital y relaciones empresariales? ¿Es la avaricia? ¿Es la falta de escrúpulos? ¿es la intrepidez, el “espíritu bucanero”? ¿Es la capacidad de organización de los factores? ¿Es un don? ¿Es la capacidad de liderazgo o el don de mando? ¿Es la necesidad de mandar, de ser superior? ¿Se es empresario porque se tuvo el apoyo, la mano amiga que te empujo (the business angels)? ¿Es la preparación empresarial? En definitiva, ¿Cuál es “el viento que empuja la vela”?

Probablemente todas estas cualidades de la persona empresaria y otras más y sus posibles múltiples combinaciones son ciertas y a la vez ninguna garantiza la creación o continuación de una empresa ya existente, ni la persona que no haya llegado a ser empresario y no tenga ninguna de las cualidades de empresario que normalmente se esgrimen esté impedido para serlo en un momento determinado.

El cooperativismo y las otras fórmulas de economía social están en el origen de la izquierda. Emblemáticos éxitos y muchos y estrepitosos fracasos han salpicado la historia de la economía social. La democratización de la toma de decisiones y el reparto de las plusvalías generadas están en la esencia de la economía social. También esa misma característica se ha esgrimido como causa de los fracasos. La lentitud en la toma de decisión de forma democrática y el deterioro de la estructura jerárquica, de la cadena de mando favorece la descohesión y la indisciplina de los equipos de trabajo, algo parecido a lo que muchos piensan que ocurre entre los partidos de izquierdas y los partidos de derechas, ejército a la antigua usanza versus movimiento asambleario o democrático. En una estructura jerárquica, disciplinada, con facultad de premio incentivador en su forma de expectativas económicas, de escalada en la jerarquía y el reconocimiento social unido al castigo expeditivo resuelve prontamente los conflictos de intereses entre los individuos del equipo en primera instancia y favorece la ejecución mecanicista del equipo versus la dilación y la dispersión de los objetivos más propios de un modelo democrático; por contra, el modelo taylorista pierde creatividad y aumenta la alienación de los componentes del equipo. La solución para el modelo democrático basado en las formulas de la economía social debe estar en separar claramente la fase democrática para la elección de los órganos gobierno y control de la fase de ejecución.

A menudo, los problemas que acaban con las empresas cooperativas, sociedades laborales, asociaciones, etc., está en que la gerencia es llevada a cabo por un gerente contratado que no pertenece al ámbito de los cooperativistas o asociados y en un momento determinado los primeros son “engañados”, “estafados” o simplemente mal gerenciados dando al traste con la vida de la empresa, todo ello “aderezado” con opacidades en la contabilidad y en la toma de decisiones.

En favor de la economía social, la que funciona, tiene virtudes tales como estabilidad de los puestos de trabajo (es el ámbito empresarial donde menos se despide y mayor estabilidad en el empleo existe), tienen las mayores cotas de arraigo en el empleo y contra la emigración (cuando hoy en día se esgrime como ventaja para el empleo la movilidad del trabajador sin tener en cuenta su coste social). Las cooperativas de trabajo tienen como principal objetivo el garantizar el salario de la plantilla sin que sea imprescindible la obtención de un beneficio empresarial (reducción de costes por la vía de la no necesaria retribución del capital).

Esto nos lleva a la concepción de lo que yo llamo “beneficio antes del coste de personal” (el coste de personal es beneficio de la economía social); se trata de dirimir hasta dónde podemos reducir el coste de personal para la empresa, hasta dónde lo podemos apoyar para que el “beneficio antes del coste de personal” menos un coste de personal soportable de como resultado un beneficio igual a cero. Es decir, para los poderes públicos es interesante comparar los costes que supone para el Estado una plantilla despedida y cobrando el desempleo y los costes sociales de apoyar, en determinadas circunstancias, una empresa de economía social que teniendo perspectivas de viabilidad futura y que atraviesa por un momento “delicado” para pagar sus nóminas en un contexto de crisis como la actual (subvencionando el coste de personal, financiando los costes de seguridad social para que sean pagados en en un futuro, combinarlo, a modo del modelo alemán, con minoración de la jornada laboral ante una contracción de las ventas). Se trata de “hibernar” empresas con perspectivas y cuyas características les hagan acreedoras de pertenecer a yacimientos empresariales que puedan ser componentes de los nuevos modelos productivos (sector energías renovables, de las nuevas tecnologías, industrias emergentes, etc.,...), se trata de mantener vivo el tejido productivo y que no sea destruido sin más.

Ya se que el enfoque de la Escuela Económica Austriaca es contrario a estos postulados ya que entienden que las crisis están para “limpiar” a las empresas no rentables que se insertaron en el mercado en etapas de crecimiento económico y en el desarrollo de burbujas con altas tasas de beneficio que permite la existencia de empresas no eficientes. En ese planteamiento, además de no tener en cuenta el tremendo y dramático coste social que tiene para los trabajadores y la población en general, tampoco tiene en cuenta que un factor clave para que una empresa no sea eficiente es la ineficiente gestión del empresario. Ineficiente por no ver burbujas que cuando exploten que le arrastrará, ineficiente por financiar desproporcionadamente un crecimiento desproporcionado, ineficiente por no evolucionar buscar nuevos productos, por no buscar nuevos clientes, por no internacionalizarse, por innovar, por no buscar nuevos métodos de producción, de ventas, de aprovisionamiento, por no buscar la excelencia en el “management”.

Quién piense que soy muy crítico con la clase empresarial, tiene razón. Estoy convencido que la clase empresarial no se nos puede presentar como esos pequeños dioses creadores de todos los productos existentes y que soportan las abatidas de los costes laborales y el incremento de los impuestos para que vivan vagos y mediocres. Yo creo que ellos tienen mucha culpa en la gestación de las crisis, en la calidad y cualidad del modelo productivo de los países, son agotadores de recursos naturales, defraudadores al fisco, evasores de divisas, peligrosos deudores y morosos; adulteran los productos, abusan de los trabajadores y consumidores,..., evidentemente esto es una generalización injusta, pero que no se nos presenten como los buenos de la película.

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